¿Será la naturaleza el próximo objeto del lujo?

El lujo reside en todo aquello que excede lo necesario,  que supone derroche de dinero y de tiempo, es la idolatría de la vanidad.

El lujo representa en nuestra sociedad lo inaccesible. Es símbolo de poder económico y social. El objeto lujoso es aquel que está fuera del alcance de la mayoría y por lo tanto, en numerosas ocasiones, representa un sueño. Ese tipo de objeto es poseído por aquellos que se han convertido en figuras poderosas de la sociedad, con un alto poder adquisitivo.


La persona que tiene capacidad para acceder al objeto de lujo, adquiere poder por el simple hecho de poseerlo y exhibirlo. En cuanto se hace con él, despierta admiración.

La entrevista que La Contra realiza hoy a Hervé Kempf -si bien se enmarca en otro contexto- ha hecho que me preguntara:

¿Dónde reside realmente el lujo?

Parece evidente que la consideración de lo que es lujoso o no ha cambiado a lo largo de la historia.

El siglo XX asoció el lujo a objetos como casas, coches, motos, relojes, joyas, vestidos o complementos, que fabricaban una serie de marcas (Loewe, Ferrari, Louis Vuitton, Chanel, Rolex,…) que se convirtieron en símbolos de status social por su elevado precio y su inaccesibilidad. También asoció el lujo a algunos servicios y establecimientos (hoteles, viajes, spas) de iguales características.

En nuestra sociedad el objeto lujoso representa un símbolo de poder y convierte a la persona que lo posee en objeto de admiración. Aunque lo hace en otro contexto (la propuesta del  “decrecimiento económico”) Kempf propone un cambio cultural:

“hay que cambiar la cultura. Necesitamos una cruzada estética para afear la sobreexplotación del planeta por mera vanidad. Hay que reivindicar la sobriedad”. (…) “Propongo que cuando alguien quiera instalar una fábrica o una granja en un valle idílico con un río virginal, y ensucie y contamine ese río –o esa playa– de todos para poder comprarse con las ganancias una mansión gigantesca o… ¡un Rolex de oro…! (…) que todos le digamos que esa conducta es hortera, ignorante y nos perjudica a todos”.

Y sí, cabe esa posibilidad, y estaría bien. Pero en los albores del siglo XXI estamos asistiendo al surgimiento de una nueva tendencia social que cada vez cobra más fuerza: la de asociar el lujo a la posesión de elementos relacionados con la naturaleza y la ecología. Y quizá eso suponga un peligro aún mayor  y dificulte aún más conseguir el cambio de cultura que anuncia Kempf.

¿Cúantos “famosos” se han comprado ya una isla para su uso y disfrute exclusivo?

Desde aquí me pregunto,

En el siglo XXI, ¿Serán los alimentos sanos y naturales los objetos más lujosos e inalcanzables?

¿Distinguiremos en un futuro a las personas poderosas porque  serán las que poseerán o podrán disfrutar de bosques frondosos y ríos cristalinos particulares mientras los demás nos moveremos en ambientes altamente contaminados?


¿Será la naturaleza el próximo objeto de lujo?

Si te interesa el tema del lujo, lee nuestro anterior post “Lujo de alquiler”.

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Una respuesta a ¿Será la naturaleza el próximo objeto del lujo?

  1. Jor dijo:

    una cuestión muy interesante… y sin duda, hoy en día poder disfrutar de la naturaleza ya es un lujo, según donde uno viva. Desde una gran ciudad, poder acceder a la naturaleza supone disponer de un vehículo privado y cierta cantidad de dinero para pagar gasolina, peajes, etc.

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