La brujería, ¿Una cuestión acerca del poder de las mujeres?

La entrevista que La Contra de La Vanguardia dedica hoy a la escritora Katherine Howe y  a la presentación de su libro  “El libro de los hechizos” (Planeta), ha traído a nuestro presente uno de los temas más universales y recurrentes del ser humano:  las brujas y su cacería social.

La figura de la bruja siempre ha sido socialmente perseguida. Los hechos ocurridos en Salem en el siglo XVII (la más famosa “caza de brujas”) forman parte del imaginario colectivo y desde entonces ríos de tinta han inundado libros, artículos y narraciones sobre lo allí ocurrido.


Pero, ¿quién es “la bruja” para la sociedad?

La figura de la bruja despierta en la sociedad curiosidad, fascinación y miedo. Representa a la mujer sabia, que ha adquirido conocimientos y que vive ajena a las normas sociales del momento.

La bruja simboliza a una mujer que tiene poder, porque tiene conocimiento y la población cree que lo tiene en aquellos ámbitos que más le atemorizan: la enfermedad, el dolor,  la vida, la muerte, los afectos.

La bruja es el personaje que está en contacto con las zonas oscuras, negadas, es conocedora de secretos ajenos al resto de la sociedad: ritos, conocimientos y poderes sobrenaturales con los que puede ayudar o hacer daño. Una mujer en contacto con lo arquetípico, lo intuitivo, lo sexual, lo natural, lo reproductivo, lo cíclico…

Es la persona que, en el imaginario popular,  ha conseguido  el acceso a parcelas de conocimiento que están vetadas para el común de los mortales. La bruja atraviesa simbólicamente una puerta cultural y socialmente cerrada.

La ambivalencia social hacia la bruja.

El sentimiento social hacia la bruja es ambivalente:  Se la desea y se la teme. En algunos momentos históricos (sociedades más rígidas y  jerarquizadas) se ha desatado lo que los sociólogos denominan “pánico moral” hacia ellas que han llevado a su persecución y muerte (de ellas, de sus animales e incluso de hombres con los que se relacionaban). Una suerte de “limpieza étnica” para eliminar la amenaza al sistema social imperante.

De hecho a la bruja se la representa con un aspecto desagradable, repugnante para provocar rechazo en la población: narices ganchudas, sucias, pelo grasiento, verrugas, …

La cerrazón social queda reflejada,con humor, en este fragmento de los Monty Phyton, “Los caballeros de la Mesa Cuadrada y sus Locos Seguidores”

La bruja, ¿se aísla o es aislada?

Cuestión controvertida. La dejo abierta a opiniones. Lo cierto es que  su propia definición y cuestionamiento social  la posiciona. La propia expresión de su visión del mundo la confronta directamente con las normas sociales vigentes por lo que su posible integración es más que dudosa.

La sociedad por su parte rechaza a la bruja por temor, por diferente y la mantiene a cierta distancia, pero curiosamente  la visita, acude a ella  para obtener un pedacito de ese supuesto poder.

Es evidente que en esta sociedad actual, en la que como bien dice Howe, sus miembros se definen como “tolerantes, razonables” y que suele definirse a sí misma como ilustrada, la vigencia y la visita a estos personajes no es extraña.

¿Cúantas personas acuden a “curanderos”? ¿Cúantas a tarotistas y videntes?

¿Acaso en la sociedad del siglo XXI las artes adivinatorias y la magia no siguen siendo un buen modelo de negocio que maneja cifras astronómicas?

El término “bruja” como descalificativo a la mujer.

Vuelvo a la entrevista de La Contra y retomo algunas de las frases de K. Howe referidas a las brujas de Salem:

no se las acusó por lo que hacían sino por cómo eran: pobres e incómodas, porque argumentaban mucho o mostraban mal genio”, “La mayoría de las mujeres acusadas de brujería eran tozudas y de opiniones fuertes”.

Los actos de expresión de la mujer eran  interpretados como “rebeldía”, como dice la autora “sólo se podía atribuir a la brujería”.

Lo cierto es que el calificativo “bruja” en ocasiones –creo que demasiadas- es aplicado en el lenguaje coloquial a las mujeres que cuestionan normas sociales, usos o costumbres, que manejan su vida, que escogen sus propias reglas, que son fieles a sí mismas, que dicen lo que piensan, que no se muestran sumisas,…

Algunas lecturas de interés:

“Las brujas de Salem” de Arthur Miller

“Brida” de Paulo Coelho

“Mujeres que bailan con lobos” de Clarissa Pinkola (el arquetipo de la mujer salvaje)

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